Dónde termina la libertad de expresión y donde empieza la ofensa.

Eso es lo que se se dirimía en el asunto contra el artista Abel Azcona, el cual se defendía ante una acusación por haber utilizado ostias consagradas en su obra.

El límite es muy delgado y varía dependiendo de el que quiere hacer valer su derecho, pero, ¿dónde está el límite?

Sinceramente en una sociedad tan mediatizada y en algunos casos histérica, por hacer valer la opinión y la defensa a ultranza de las ideas, nos deja a las claras que cada vez es mas difícil determinar que se puede o no hacer.

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